23.2.10

Bajo la lluvia su mirada se apagó para siempre. Sus ojos verdes se habían equivocado al enamorarse de los suyos, tan negros, tan oscuros, tan profundos. Se equivocaron sus labios y también su aliento, mezcla de deseo y necesidad. Sólo el pantano, en lo más oscuro del bosque, sabía la verdad. Él, con sus ojos negros y sus enormes manos , la arrastró hasta lo más profundo; sumisa y dócil quedó hundida en el cieno, dejó que los peces fueran absorviendo su alma con sus bocas suaves y resbaladizas. Dejó que las flores crecieran a su alrededor y se transformó en agua. Desapareció.


Illustración: Benjamin Lacombe

2 comentarios:

Oski dijo...

Nada se pierde, todo se transforma como decía el bueno de Jorge Drexler.

Desde el agua a veces parecen mirar unos ojos verdes ¿casualidad?

Carz dijo...

Hay equivocaciones que deben cometerse. Equivoquémonos más, que nos equivocamos poco.

Un beso.