12.6.08

Seres



Cada poro de su piel desprendía un hedor nauseabundo. Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba allí encerrado, días, tal vez semanas y sin embargo no tenía hambre, ni sed, ni sueño. Era probable que hubiese echado alguna que otra cabezadita durante todo ese tiempo, pero no era consciente de ello. A su alrededor, sombras y desperdicios, un colchón raído, una manta sucia y mohosa, un ruido incesante, alguna cañería rota que goteaba y que estaba enloquciéndole, aun más si eso era posible. De vez en cuando escuchaba unos pasos, pasitos pequeños que supuso eran de algún ratón. Ahora estaba convencido de que el ratón era, en realidad, un ser de otro planeta que quería comerse su alma.
Vivía arrastrándose entre sus propios deshechos, la mierda se amontonaba a su alrededor pero nada importaba ya. Si intentaba gritar no conseguía emitir ni un triste aullido, la voz no salía y sus ojos se habían secado ya. Era inevitable y lo sabía, acabaría absorbido por su extraterrestre y nadie, nunca, se acordaría de él.

Fotografía: Chema Madoz

1 comentario:

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