Sólo si lograbas mantener la mirada, si eras capaz de ver más allá de sus enormes ojos, descubrías que la niña era, en realidad, una anciana que acumulaba vidas desperdiciadas, tantas como muñecas. Cada una de ellas, un suicidio prematuro, cada aguja una lágrima sin derramar.
"En la cocina Miguel dejó escapar el humo de un cigarro, serpenteó hacia el techo mientras la ceniza caía distraídamente sobre el plato de macarrones recién sacados del microondas. Tambaleándose, recogió el vaso vacío del suelo y de encima la cómoda agarró una botella de whisky barato. Llenó el vaso hasta arriba y volvió a la cocina mientras sorbía ansioso y trataba de mantener el equilibrio. Encendió otro cigarro, de repente ya no tenía hambre, el whisky era lo único que el cuerpo le pedía, lo único que ansiaba y a cada trago la pena le dominaba; le arañaba la lengua y le abrasaba la garganta. Lejos de sentirse mal, se dejó envolver por esos sentimientos que poco a poco iban aumentando sus ansias de terminar con todo. Allí, de pie en la cocina, le asaltó una tremenda sensación de vacío. A la mente le llegaban imágenes de un sueño que tenía cuando era más joven. Solía sentarse en el terrado de casa de sus padres, en el suelo, apoyándose contra la pared y dejando que el sol de la tarde golpeara su cara con suavidad. Cerraba los ojos y se llenaba del aroma que las sábanas tendidas y aún húmedas desprendían. Estando allí sentado se veía lejos de la ciudad, viviendo y trabajando cerca del mar. Imaginaba una casita en un pequeño pueblo, sin prisas ni complicaciones. Le gustaba la idea de trabajar lo justo para poder comer y vivir sin preocupaciones. En su imaginación las estaciones traían colores: inviernos azules, limpios y fríos, primaveras tibias de color anaranjado, veranos de color turquesa con el bullicio de los veraneantes y el silencio que arropa a la hora de la siesta. Los otoños se le antojaban tostados, con el tacto de la arena entre los dedos mientras disfrutaba de una preciosa puesta de sol. Algunas veces también aparecía una hermosa mujer a su lado, no tenía el rostro definido, pero se amaban y todo era fácil entre ellos."
Del relato: "De un color amarillo"
31.1.09
De noche, resguardada entre las sombras, me deslizo sigilosa buscándote ansiosa. Me desplazo por instinto; siguiendo tu rastro, mis manos se agitan palpando cada surco, acariciando cada poro. Y mi lengua, como el filo de una espada, es precisa a cada golpe.
¿Y si el círculo se rompe, o cambia de color? ¿Y si sientes que tu vida se abre ante ti con otra luz, con distinta perspectiva? Porque de repente la luz ha pasado de mortecina a resplandeciente, porque sientes y gritas y lloras y gimes y te apasionas hasta temblar. Porque de pronto tienes tantas ganas de gritar que te faltan pulmones y garganta, te falta el mundo entero. Y es cuando el bajo vientre, que palpitaba a escondidas, se agita descontrolado, compinchado con la cabeza y con el corazón. Ay, y cuando eso ocurre....nada lo puede parar.
Y no sé si un año es mucho o poco tiempo, ni si quiera soy capaz de medir el tiempo transcurrido con exactitud porque los ojos se me empañan y a menudo no veo el camino. Sólo sé que que la herida es terrible, sangrante, dolorosa. Tal vez podamos medirlo todo en sonrisas; entonces confesaré que, si miro atrás, puedo contarlas con los dedos de una sola mano. Aun así, el gélido cielo azul de esta mañana me susurra con suavidad y me dice que mire hacia adelante, allí, no muy lejos, las encontraré a montones. Me están esperando.
Cuando al fin llegó a su casa, después de subir a trompicones por la empinada cuesta, se quedó plantada delante de su puerta. Dudaba en llamar o no al timbre, le asustaba el ruido hueco de al otro lado; probablemente lo que en realidad le asustaba era el sonido de sus propios pensamientos dando vueltas dentro de su cabeza, rebotando en las paredes de su cráneo, creando un eco insoportable que no tenía fin. Pulsó el botón y esperó. Con la palma de las manos a cada lado de la cara, miraba a través de la puerta con la nariz pegada en el cristal. Al principio creyó que el sol de la tarde, algo mortecino a esas horas, la había engañado deslumbrándola, pero no, lo que veia era verdad, no había nada más cierto que eso: dentro, al otro lado de la puerta, una sonrisa lo llenaba todo, todo...incluso pudo acallar el sonido insufrible dentro de su cabeza. Ni una sola palabra salió de su boca, tan sólo una lágrima se atrevió, tímida, a deslizarse por su mejilla; luego, le devolvió la sonrisa.
- Mar, el poder del mar - Facto delafé y las flores azules - Ese lunar - Kevin Johansen - Krafty - New Order - Flames - VAST - Let's talk about spaceships - Say hi to your mom
Vivir acuclillada. Las rodillas pegadas al mentón:
por intensos que sean, los rayos de sol no regeneran a los muertos.
Chantal Maillard de "Hilos"
3.1.09
Dicen por ahi que siempre anda acompañada de una rana. Que juntas se sientan cada atardecer junto al lago y esperan. Sólo ella sabe lo que necesita, lo que ansía: la sangre de algún incauto, sorber el alma del siguiente que muera ahogado bajo esas aguas y así recuperar su forma original y volver con su amado. Volver a ser rana.
"-Oye... - repitió él, alzando la cabeza para que ella sintiera su respiración en la garganta. -Si, Marshall. Sus manos se cerraron en puños que, tensos, golpearon la cama detrás de los hombros de la mujer. Luego se quedó tan quieto unos momentos que ella se llenó de un miedo extraño. -Es así... -dijo él con una voz de la que había desaparecido toda inflexión-. El amor que siento por ti, cariño. A veces me parece que en algún instante como este..., me destruirá. Luego ella sintió que sus manos se relajaban para posarse débilmente sobre su espalda, sintió como el catarro que había estado incubándose en él durante toda la velada hacía que su cuerpo se estremeciera, sacudido por grandes escalofríos. -Sí -respiró ella, apretándole el cráneo contra el hueco entre sus pechos- Sí. - dijo tan pronto como las palabras y el gemido de los muelles y el olor rancio a humo en la oscuridad regresaron del lugar a donde, por un momento, todas las cosas se habían retirado." Carson McCullers "El instante de la hora siguiente"
Sientes que la vida se reduce a esas cosas más cercanas, todo dentro de un círculo que parece hacerse cada vez más y más pequeño; pero te sientes cómodo dentro de él, protegido, seguro, completo. Aun así, la mente te juega malas pasadas, la imaginación tiene alas veloces que la llevan a lugares lejanos y muy secretos. A veces la mente se alía con tus entrañas, con ese plapitar bajo el vientre; es entonces cuando el círculo se estrecha, te asfixia, te aprieta como una soga alrededor del cuello y necesitas huir. Necesitas creer, saber que tus pensamientos viajan para encontrarse con otros pensamientos, y que son ellos los que, completamente libres, hacen realidad tus sueños más oscuros. En un mundo donde todo es posible, dejas que griten y giman, que se mezclen, que se conozcan...Luego, abres los ojos y estás solo, con tu corazón latiendo fuerte y el sudor recorriendo tu espalda. Necesitas taparte, volver al círculo, pero el bajo vientre sigue palpitando.
Hi ha boira i és de nit. Des de l'insomni veig tota la fosca que m'està esperant posada com una au damunt el que he perdut. He obert la finestra. Es dissipa la boira. No podria oblidar tot el que et dec: l'últim sentit de la paraula amor. Brutal de tan exacte, el cel de nit.
Después de seis generaciones viviendo en la mansión las historias se sucedían una tras otra, pasando de padres a hijos y llenando las tardes silenciosas, de sobremesas largas y cálidas sentados ante la chimenea. Y era cierto que algo inexplicable ocurría en aquella enorme casa, una habitación que iba y venía, aparecía y desaparecía a su antojo, y muy pocos eran los que habían logrado entrar en ella. Los afortunados contaban lo sucedido con los ojos chispeantes de satisfacción, envolviendo el relato con un manto de misterio algo fantasmagórico. Sucedía que, de noche, cuando la casa dormía en silencio, algún inquilino insomne, paseando por alguno de los muchos pasillos que recorrían el edificio, se había topado con una puerta que no debía estar allí. Sí, sí, una puerta que antes no estaba, una puerta que al día siguiente desaparecía y que podía volver a aparecer tiempo después en cualquier otro punto de la mansión. No tenía cerradura, estaba abierta para quien quisiera entrar, pero ocurría que si se accionaba el interruptor y la luz llenaba la estancia, nada había allí dentro, tan sólo una habitación vacía, cuatro paredes blancas y un suelo de mármol frío y brillante. Sin embargo, si se entraba a oscuras, sólo acompañados de la luz de una vela o de un pequeño farol, la estancia aparecía repleta de sombras, las que creaban la cama, la cómoda de tres cajones, el gran armario de doble hoja, las dos mesillas de noche, el perchero del rincón y la gran lámpara que colgaba del techo. Los más atrevidos habían pasado la noche tumbados en esa enorme cama, pero ninguno había podido dormir, y antes de que despuntara el alba habían regresado a sus habitaciones. Cuenta la leyenda, que solamente el viejo tío Andrés pudo dormir en ella, despertó cuando ya era de día y ya no pudo salir de allí. De vez en cuando, si se pasea por alguno de esos pasillos, pueden encontrarse pedazos de papel por el suelo, notas escritas de puño y letra por el viejo Andrés, suplicando que alguien le saque de ahi. De momento nadie ha vuelto a ver esa maldita puerta. Illustración:Benjamin Lacombe
Te supe frágil y desnudo, tan frágil eras, tan desnudo que se quebró tu sombra al respirar. Abrí la puerta y las voces del agua adoptaron la forma de tu cuerpo. Tan leve parecías, tan al borde de ti que la noche aprendió el modo de dormirse sobre el rio.
Y de entre la apatía asomaba su pequeña nariz. Trataba de escalar, de alcanzar la cima que le permitiera salir del agujero negro en el que se había metido. Quería sentir el calor tibio, el sol de ahi afuera, respirar como los demás el aire gélido del invierno. Subía cada peldaño con miedo a tropezar, sentía un deseo irrefrenable de llegar arriba pero iba despacio, intentando saborear algo que en realidad no sabía a nada. Lo importante, lo que iba a colmar todos sus sentidos, estaba arriba del todo y hasta que no saliera del agujero no podría disfrutarlo. Así se dispuso a mirar sólo hacia adelante y hacer todo lo possible para no resbalar.
Ultimamente estoy, y me están, descubriendo nuevos grupos y magníficas canciones. Un ejemplo: los Yeah yeah yeahs. Gràcies M.
A veces se me olvida, doy por supuesto que todavía estás aquí. Tal vez disfrutando de unas largas y merecidas vacaciones, tal vez sin saber de ti por, ya sabes, la vorágine diaria, los quehaceres que nos absorven, el distanciamiento involuntario. Pero no, no estás, ni aquí ni en ninguna parte. No me pondre mística porque no va conmigo, no estás y se acabó. Y es entonces, al darme cuenta de la cruda y asquerosa realidad, cuando la vista se me nubla y parece que me falta el aire. Mi corazón se arruga y se arruga hasta dolerme y no puedo creer que sea cierto. Y ya nada puede hacer desaparecer las lágrimas que inundan mi mirada ni la rabia que rebosa por cada poro de mi piel. Te echo de menos, mucho, y no me queda más que joderme y masticarlo bien antes de tragar. Papa, et trobo a faltar