Y en su mirada se reflejaban el silencio y la tristeza.
Se habían secado ya sus ojos y con cada aguja auyentaba sus temores.
Ni una sola palabra bonita, ni un dulce susurro en sus oidos; nadie la había querido nunca y mantenía los ojos de su muñeca cerrados para no verse reflejada en sus pupilas. Para no descubrir que, al final, se habían intercambiado los papeles y que no era más que un juguete de trapo, olvidado y solo.
Ilustración: Dani Alarcón "Voodoo girl"















.jpg)

